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Mitologia Japonesa 1. La historia de la creación

Archivado en Historias, mitos y legendas • Fecha: 16-12-2005 20:47:46





La antigua mitologia japonesa se basa fundamentalmente en un complejo número de creencias influidas principalmente por las religiones sintoista y budista y compiladas en 2 libros del siglo VII: el Kojiki (Relación de cuestiones antiguas) y el Nihongi (Crónicas escritas de Japón). Estas obras fueron escritas con el fin de explicar el origen divino de los emperadores japoneses y la exclusividad del pueblo japones y sus islas.

La mitologia japonesa está influenciada por otras culturas asiáticas. Con respecto al origen tiene notables parecidos con los mitos de la creación polinesios , mientras que en lo referente al origen divino del linaje imperial guarda parecidos con las cultutas china y coreana.

Todo en la mitología japonesa gira en torno al concepto del Kami. Los Kami para los japoneses simbolizan las deidades supremas al igual que los dioses lo hacen en la cultura occidental .Pero mientras en Occidente toda la mitologia se basa en seres superiores e inmortales, en Japón el concepto de ser superior es más amplio. De este modo se puede definir Kami como la representación de cualquier cosa fuera de lo común y con un poder superior. Asi pues los seres humanos (sobre todo los emperadores) y elementos naturales son tambien considerados Kami.

El número de Kamis es inmenso y todos se caracterizan por su comportamiento con los humanos bondadoso o malvado.
Los japoneses eran un pueblo que magnificaban todo lo que les parecia sobrenatural y lo inexplicable. Adoraban a las fuerzas de la naturaleza por ser más poderosos que los humanos. Existian pues muchos Kamis como montañas elevadas, bestias enormes, árboles gigantes, los mares, el cielo etc...

Los kami, según los japoneses fueron quienes crearon el mundo tal y como lo conocemos.

En el principio, tras la formación del Cielo y de la Tierra, tres dioses se crearon a sí mismos y se escondieron en el cielo. Entre este y la Tierra apareció algo con aspecto de un brote de junco, y de él nacieron dos dioses, que también se escondieron. Otros siete dioses nacieron de la misma manera, y los dos últimos se llamaron Izanagi (el varón que invita) e Izanami (la hembra que invita).

Estos dos dioses fueron encargados por los demás dioses de formar las islas japonesas, para ello los otros dioses les dieron una lanza decorada con joyas, llamada Amenonuhoko (lanza de los cielos).
Entonces, las dos deidades fueron a el puente entre el Cielo y la Tierra, Amenoukihashi (puente flotante de los cielos) hundieron la lanza en el océano y la agitaron con fuerza. Cuando el agua empezó a solidificarse sacaron la lanza .Al sacarla del oceáno, las gotas que de ella resbalaban formaron la isla de Onokoro (lo que seria la isla de Japón).

Decidieron construir su hogar en la isla. Descendieron del puente de los cielos y clavaron la lanza en el suelo para formar el Pilar Celestial llamado Amenomihashira y alrededor de el levantaron un magnífico palacio llamado Yahirodono . Izanagi e Izanami rodearon el pilar hasta encontrarse. Estudiaron sus cuerpos y vieron que aunque eran diferentes encajaban.

Del fruto de su unión nacieron dos hijos deformes , Hiruko (infante del agua (se parecia a una sanguijuela) y Awashima (isla de burbujas) que no se consideraron deidades. La pareja se deshizo de ellos y los abandono en el mar a su suerte , en un bote de madera de alcanforero.

Después se dirigieron a los dioses para pedir consejo, y estos les explicaron que el error estaba en el ritual del matrimonio, ya que ella no debía haber hablado primero al encontrarse alrededor del Pilar, pues no es propio de la mujer iniciar la conversación. Así pues, ambos repitieron el ritual, pero esta vez Izanagi habló primero, y todo salió según sus deseos dando a luz a las Ocho Grandes Islas de Japón (Oyashima):

-Awazi
-Iyo (posteriormente Shikoku)
-Ogi
-Tsukusi (posteriormente Kyushu)
-Iki
-Tsusima
-Sado
-Yamato (posteriormente Honshu)


Como se puede comprobar en el listado de islas las islas de Hokkaido, Chishima, y Okinawa no fueron parte de Japón en los tiempos antiguos.

Además de las islas crearon dioses para embellecer las islas:dios del viento, dios de la luna (Tsuki-yomi), de los árboles, de los ríos y de las montañas, con lo que su obra quedó completa. El último dios nacido de Izanami fue el dios del fuego Kagututi (encarnación del fuego) o Ho-Masubi (causante del fuego), cuyo alumbramiento produjo tan graves quemaduras en los genitales de la diosa que ésta murió. Y todavía, mientras moría, nacieron más dioses a partir de su vómito, su orina y sus excrementos. Izanagi estaba tan furioso que le cortó la cabeza al dios del fuego, pero las gotas de sangre que cayeron a la Tierra dieron vida a nuevas deidades.

Izanami fue enterrada en el “Monte Hiba”, en la frontera de las viejas provincias de Izumo y Hoki, cerca de Yasugi en la Prefectura de Shimane.

Tras la muerte de Izanami, Izanagi quiso seguirla en su viaje a Yomi, la tierra de los muertos, pero ya era demasiado tarde.

Cuando llegó allí, Izanami ya había comido en Yomi, lo que hacía imposible su vuelta al mundo de los vivos.

La diosa pidió a su esposo que esperase pacientemente mientras ella discutía con los demás dioses si era o no posible su retorno al mundo, pero Izanagi no fue capaz; impaciente, rompió una punta de la peineta de maderaque llevaba, le prendió fuego para que le sirviese de antorcha y después entró en la sala. Lo que vio allí fue espantoso, una visión espantosa: los gusanos se retorcían ruidosamente en el cuerpo putrefacto de Izanami.

Izanagi quedó aterrado al contemplar la visión del cuerpo de Izanami, por lo que dio media vuelta y salió huyendo de allí. Encolerizada por la desobediencia de su marido, Izanami envió tras él a las brujas de Yomi y a los fantasmas del lugar. Pensando rápidamente, Izanagi lanzó su gorro, el cual se convirtió en un racimo de uvas negras. Las shikome tropezaron con éstas pero continuaron su búsqueda. Después, Izanagi lanzó su peine, que se convirtió en un grupo de brotes de bambú. Ahora eran las criaturas de Yomi las quienes comenzaron a dar la persecución, pero Izanagi orinó en un árbol, creando un gran río que aumentó su aplomo. Desafortunadamente, todavía ellos persiguieron a Izanagi, forzándolo lanzar melocotones sobre ellos.Él sabía que esto no los retrasa por mucho tiempo, pero él ya estaba casi libre, porque los límites de Yomi ahora estaban mas cerca.

Finalmente, fue la propia Izanami quien salió en persecución de Izanagi. Este colocó una gigantesca roca en la boca de la caverna, la cual era la entrada a Yomi y que unía el mundo de los vivos con el mundo de los muertos, de modo que Izanami y él se vieron uno a cada lado del enorme obstáculo. Izanami dijo entonces: ”Oh, mi amado marido, si así actúas haré que mueran cada día mil de los vasallos de tu reino”, a lo que Izanagi contestó “Oh, mi amada esposa, si tales cosas haces yo daré nacimiento cada día a mil quinientos”. Finalmente llegaron a un acuerdo, mediante el cual la cifra de nacimientos y fallecimientos se mantienen en la misma proporción. Ella le dijo que debía aceptar su muerte y él prometió no volver a visitarla. Entonces ambos declararon el fin de su matrimonio. Esta separación significó el comienzo de la muerte para todos los seres.

Izanagi se sometió entonces a un proceso de purificación para librarse de la suciedad que pudiera haber contaminado su cuerpo durante el descenso al mundo inferior. Llegó a la llanura junto a la desembocadura del río y se libró de sus ropas y de todo cuanto llevaba. Y allí donde dejaba caer una prenda o un objeto, del suelo salía una deidad. Y nuevos dioses se iban creando a medida que Izanagi entraba en el agua para limpiar su cuerpo. Finalmente, cuando lavó su cara fueron creados los dioses más importantes del panteón japonés; al secar su ojo izquierdo apareció Amaterasu, la diosa Sol; de su ojo izquierdo nació la diosa Luna, Tsuki-yomi; el dios de la tormenta, Susano-o, fue engendrado de su nariz.

Izanagi decidió entonces dividir el mundo entre sus hijos. Encargó a Amaterasu el gobierno del cielo, a Tsuki-yomi el de la noche y a Susano-o el cuidado de los mares. Pero este último dijo que prefería ir al mundo inferior con su madre, así que Izanagi lo desterró a Yomi y después se retiró del mundo para vivir en el cielo.

Antes de ser desterrado a Yomi, Susano-o quiso despedirse de Amaterasu, pero en realidad quería traicionarla ya que estaba celoso de la belleza y preeminencia de su hermana. Amaterasu conocía que su imprevisible hermano no tenía ninguna buena intención en mente y se preparaba para la batalla.
Amaterasu, recelosa de la actitud de su hermano,se armó con arco y flechas antes de acudir a la cita, pero Susano-o se mostró realmente encantador y acabó cautivando a la diosa .

Ella no creyó sus palabras y solicitó una competencia para probar su buena fe. El desafío fue fijado en cuanto a quién produciría el niño divino más noble. Amaterasu hizo a tres mujeres de la espada de Susano-o, mientras que Susano-o hizo a cinco hombres de la cadena de ornamento de Amaterasu. Amaterasu otorgó el título a los cinco hombres hechos de sus pertenencias. Por lo tanto, atribuyeron a las tres mujeres a Susano-o.


Al momento se entabló una discusión entre ambos por la custodia de los hijos, pues Amaterasu los reclamaba como suyos al haber sido formados de sus propias joyas. Su hermano, sin embargo, creyó haber engañado a la diosa y lo celebró rompiendo las paredes que contenían los campos de arroz, bloqueando los canales de irrigación y defecando en el templo donde había de celebrarse el festival de la cosecha. Su desconcertante comportamiento es el germen de la enemistad que nació entre los dos dioses. Susano-o, a pesar de haber sido desterrado, se quedó merodeando por la Tierra y el Cielo.

Un día, mientras Amaterasu se encontraba tejiendo ropas para los dioses, Susano-o arrojó un caballo desollado (un animal sagrado para Amaterasu que atravesó el tejado de la sala en la que la diosa y sus ayudantes trabajaban. Una de ellas se asustó de tal modo que se pinchó con la aguja y murió. Tan atemorizada quedó la propia diosa que después de aquello se escondió en una cueva y bloqueó la entrada con una enorme piedra. Sin la diosa Sol, el mundo quedó sumido en la oscuridad y el caos.

Una asamblea de ochocientas deidades se reunió para hallar la manera de sacar a Amaterasu de la cueva. Decidieron que la única manera de lograrlo sería excitando su curiosidad, así que decoraron un árbol con ofrendas y joyas, encendieron fuego y danzaron al ritmo de los tambores, alabando la belleza de otra diosa para provocar sus celos. Colocaron un espejo mágico a la entrada de la cueva, llevaron gallos al lugar para que cantaran y persuadieron a la diosa de la aurora, Ama No Uzume, para que bailara. En un momento de abandono, la diosa empezó a quitarse las ropas, para solaz del resto de los dioses, que la llamaron “terrible hembra del cielo”.

Como esperaban, Amaterasu se asomó a la entrada de la cueva para averiguar qué estaba sucediendo. Los dioses respondieron que estaban celebrando una fiesta porque habían encontrado a su sucesora y que esta era incluso mejor que la propia Amaterasu. Sin pensarlo, la diosa salió de la cueva y vio su reflejo en el espejo mágico. En ese momento, el dios Tajikawa la agarró, obligándola a salir de su escondite y bloqueando la entrada para impedir que volviera a desaparecer. La vida volvió a la Naturaleza y desde aquel momento el mundo ha conocido el ciclo normal del día y la noche. El espejo fue confiado al mítico primer Emperador de Japón, descendiente directo de la diosa, como prueba de su divino poder.

Los ochocientos dioses castigaron a Susano-o cortando su barba y bigote, arrancándole las uñas de las manos y los pies, y arrojándole del Cielo. Fue entonces cuando el dios comenzó su vida errante y vagabunda por la Tierra.




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