EL Arte Japonés.1º Parte
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Arte • Fecha: 16-09-2005 16:18:36
Al estudiar el arte clásico del Japón, nos sentimos impresionados por ciertos aspectos extraños, desconcertantes incluso, de algunas de sus manifestaciones; la violencia al lado de la contemplación, lo ridículo junto a lo sagrado, la afectación aliada a un dureza agresiva. En el Japón, el arte exige un esfuerzo de atención, de conocimiento y de simpatía mayor que en China, país al que deben gran parte de su cultura.
Como todas las artes de las culturas asiáticas, los fundamentos de la estética japonesa descansan sobre el elemento sagrado, sobre el contacto con mundos suprahumanos, sobre la comunión con las esferas sutiles....Si el budismo aportó su elemento místico al arte del período chino Sung, el largo éxito de esta estética se debía a la cualidad de los monjes artistas que la concibieron; las aguadas monocromas salieron de los monasterios zen impresionadas de la fe y de la contemplación mística que reinaba en ellos.
Este mismo fenómeno se producirá en el Japón, con la particularidad, no obstante, de que las primitivas creencias, las prehistóricas formas religiosas que reinaban en este pueblo continuarán vivas y activas en la religión nacional del sinto, palabra que significa "el camino de los dioses", y que los japoneses oponen al butsudo; "el camino del Buda". Fue un animismo generalizado, no sangriento, en contraposición a las formas similares de África o de la América precolombina; el sinto cree en la activa existencia de múltiples fuerzas invisibles, dioses locales, genios protectores, espíritus de las cosechas, del hogar, de los antepasados y de los parientes fallecidos, fuerzas de la fertilidad, de la generación de la vida, poderes que mueven tanto al cosmos como a los humildes objetos. Estas fuerzas no están individualizadas ni personalizadas; son los kami, representaciones de todo lo sagrado. El universo fue creado por los tres kami, nacidos sin progenitores, y por una jerarquía descendiente que recuerda los eons gnósticos; los kami se multiplicaron y se hallan presentes en todas las actividades de la vida diaria del japonés. Su culto forma el sinto, la religión nacional, muy viva todavía en el país. Hasta 1945, el emperador era venerado como descendiente de la diosa del sol, Amaterasu-o-mi-kami, "el kami, gran iluminador del cielo".
El culto y las creencias del sinto han impregnado la vida diaria japonesa desde hace muchos años; la liturgia de esta religión recordaba a los japoneses que existían fórmulas mágicas que favorecían la pesca, los trabajos de la granja, la fabricación de objetos; la esencia del elemento sagrado reside en todo, tanto en los más humildes objetos como en las piedras preciosas, en los pescadores de un pueblecito o en los dignatarios de la Corte imperial, en los árboles, en los bosques o en las montañas y en los volcanes. Las fuerzas de la vida, los kami, están presentes en las llamas del hogar, en los jarrones de la casa, en las cacerolas de la cocina, en las vasijas, en todos objetos domésticos. Los kami velan todo los gestos de los vivos, hacen sólidos los muros, hermosos los árboles, maravillosas las flores; el humo, el fuego, el ruido del trueno, el relámpago, las terribles lavas, son kami; la fragua que llamea, la destellante espada en manos del guerrero, los licores que embriagan, el agua que apaga la sed, las cascadas que cantan en los valles, los árboles que murmuran con la acción del viento, todos son kami, es decir, fuerzas vivas, todos son kami, es decir, fuerzas vivas que se presentan bajo la apariencia insensible, rígida y dura de la materia.
Así pues, tocar esta materia es tocar lo sagrado. Fórmulas de protección, de ayuda y de súplica acompañan los trabajos de los artesanos; cada oficio tenía su cofradía cuyos miembros guardaban en secreto las palabras eficaces, las técnicas de éxito para edificar una casa, construir un barco, levantar un puente, cocer una cerámica, trabajar el hierro, cincelar la madera, tejer las telas, modelar imágenes santas. El sinto enseñaba los formulismos y los gestos adecuados. Esta mentalidad, esta visión del mundo aún no ha desaparecido del Japón y permanece en el subconciente colectivo de este pueblo.
El budismo penetró en el país en el siglo VI de nuestra era y aportó, como en China, el elemento religioso contemplativo, místico e intelectual de que adolecía este pueblo. Pero, simplemente, se superpuso al antiguo ritual del sinto; cada familia continuó teniendo su altar doméstico y venerando los kami. La edificación de templos, la elaboración de estatuas búdicas, el tejido de los vestidos de los sacerdotes, las pinturas sagradas de la nueva religión fueron realizadas por artesanos que utilizaron los formulismos del sinto e invocaron los espíritus, los genios, los dioses, los kami, de la madera, del bronce, del tejido, del color y de la tinta. No existía ninguna contradicción en todo esto para los budistas japoneses; se trataba sencillamente de jerarquizar el manejo de las fuerzas complejas y múltiples de lo sagrado, de los espíritus de las cosas, de la esencia de la vida. Actualmente, cuando cada veinte años se rehacen los templos sinto de Ise, con madera de hinoki (cedro), obra maestra de una belleza impresionante, sin ornamento alguno, totalmente de madera sin pulir y apenas escuadrada, se escogen para este trabajo ciertas lunas del año; los plazos, igualmente calculados en períodos lunares, intervienen en el corte a escuadra de las maderas de construcción: hay que dar tiempo a los kami, que "agonizan" en estas vigas trabajadas por el hierro cruel, para que puedan transformarse...
La estética japonesa
Estos fundamentales conceptos dominan toda la estética del Japón. Esta profunda e inimitable armonía con la Naturaleza, esta evocación de los dioses y de los genios que forman la sustancia de las cosas, esta búsqueda de lo sagrado por el ritmo de las formas y de los colores son los aspectos sinto de la estética japonesa. La belleza extraordinaria y casi diáfana de las estatuas de Buda del período Asuka (552-646), la espiritualidad del período Nara (646-794) en los bodhisattwas y las estatuas que presentan monjes, la claridad interior de las aguadas zen y la densa atmósfera de los jardines japoneses son los aspectos "búdicos" de esta estética.
...La primera manifestación artística del sinto fueron las haniwa, pequeñas figuras de terracota que se hallaron dispuestas en círculos alrededor de las tumbas antiguas; sus formas son abstractas, de un gusto muy seguro y de gran valor estético. Estas figuras estuvieron influidas por las estatuillas funerarias chinas de los Han, pero tenían ya su propia personalidad dentro de una variedad considerable de tipos, muchos de los cuales aún perduran en los humildes artesanos japoneses. Estos haniwa poseen todas las características futuras del arte japonés: su diversidad, su flexibilidad, su adaptación a las circunstancias, su armonía con la Naturaleza, su sentido dinámico de la decoración. Estos humildes cilíndros de tierra oscuras, simples figuras geométricas de forma humana, poseen una vida extraordinaria; posteriormente, también representaría casas, animales, caballos, armas. Desaparecieron de las tumbas hacia el siglo VII a.C. Se discute el papel exacto que desempeñaron los haniwa, pero, en general, se admite que el aspecto puramente decorativo debe ser descartado; parece que su valor mágico fue importante; eran portadores de lo sagrado, fuentes de fuerzas benéficas para el difunto y le servían de soporte en la larga y peligrosa marcha en el más allá, que le introducía en el mundo de los muertos (ver galería imagen 1). Personalmente, creemos que los haniwa eran figuraciones antropomórficas de los kami.
Idéntico halo difuso y sagrado se encuentra en los primeros templos sintoistas en los que tenían lugar las ceremonias mágicas-religiosas destinadas a los espíritus invisibles, poderosos y multiformes, los kami, entre los que cabe destacar las almas de los antepasados, los muertos que se mezclaban con los vivos, que les aconsejaban, les ayudaban, les estimulaban o les castigaban. El sinto enseñaba las fórmulas precisas para controlar a los espíritus, para que fueran favorables los kami de la materia que el artesano iba a trabajar con respecto y veneración. El arte era, pues, un culto, un sacerdocio permanente. El gran templo sinto de Ise, dedicado a la diosa del Sol, el más antiguo del Japón, siempre venerado, reconstruido cada veinte años, según unos ritos litúrgicos muy estrictos, es un ejemplo de esa sacralización de la materia. Edificado de una forma muy primitiva y compuesto de vigas de madera, con el techo recubiertos de juncos, ofrece una arquitectura de extrema simplicidad, pero de gran elegancia. En él, la atmósfera es santa; sólo los sacerdotes y el Emperador pueden penetrar en su interior. En esta construcción la humilde materia es venerada y respetada; los dioses siempre están ahí...
El templo principal de Ise, construido de madera de cedro sin pulir. Es un ejemplo de un arte de arquitectura religiosa, de sencilla belleza, carente de adornos. Cada veinte años el templo se rehace a fin de renovar el santuario que alberga a los kamis, los espíritus divinos.
La llegada del budismo a través de China en el año 552 a.C., transformó profundamente la cultura japonesa, pero no modificó los conceptos en que se basaba. La cultura búdica fue introducida por una China ya muy evolucionada, cuya fuerza cultural modificó la evolución del pensamiento japonés y tuvo una influencia duradera sobre su arte. Pero los postulados fundamentales de la estética sintoísta japonesa no desaparecieron, sino que, por el contrario, al entrar en contacto con un pensamiento más refinado, los artistas japoneses aún acentuaron más las características de sus técnicas.
El sinto ha sido y es todavía el gran preservador de las artes del Japón; gracias a su espíritu impregna profundamente a todo japonés, las constantes estéticas de su arte han sido salvaguardadas, cultivadas, refinadas. Las principales parecen ser la interioridad, la concentración natural e intensa en un único objeto, el extraordinario sentido de simplificación y la incesante adaptabilidad a las diversas circunstancias. El artista japonés descuida la apariencia de la cosas, su forma exterior, para llegar a la verdad esencial; su pincel dibuja una forma siguiendo unos trazos convencionales, pero la idea esencial se trasluce a través de esta pintura abstracta donde el objeto natural, familiar, sólo es utilizado como un símbolo, como por ejemplo, el bambú, la roca, la cascada. En todo esto volvemos a encontrar un elemento de la estética china, pero parece ser que en el Japón esta búsqueda ha sido más sistemática. El empleo de esta "estenografía del pincel", de estos signos convencionales para representar objetos naturales, se ha hecho instintivo, innato, en el artista, el cual usa estos símbolos comprendidos y admitidos desde hace mucho tiempo por todo el mundo. Existe una especie de comprensión tácita y popular de estos símbolos por parte de los japoneses que es muy interesante observar, incluso en nuestros días.
La simplicidad domina la estética japonesa. La pobreza de los medios y de la materia, el wabi japonés, caracteriza el gran arte de este país. El elemento ornamental desaparece, las líneas se simplifican, el artista persigue ante todo las formas naturales: una vieja cepa torcida, una simple piedra de extraño aspecto, una flor silvestre...,pero su ojo ha sabido captar con toda seguridad una cosa bella en sí misma, rica en evocaciones estéticas. En esto, el arte japonés es austero. Uno se siente impresionado ante la elegante simplicidad de las cerámicas, de las estatuas, de la pintura, de las artes menores, y descubre una distinción natural, una finura instintiva, un gusto infalible. El arte japonés es aristocrático, es decir, no fácil, no relajado, no descuidado.
Otro elemento importante de la estética japonesa es la importancia del vacío, de la soledad, sabi, alrededor del objeto representado, la gravedad y la pesadez del espacio que lo rodea. Las pinturas zen son notables desde este punto de vista; tres cuartas partes del cuadro están vacías y, sin embargo, el conjunto resulta de una gran riqueza evocadora. El artista ha sabido disponer su objeto (rama de árbol, pájaro, pico de una montaña, orilla del mar) y rodearlo de nada, en una soledad pictórica absoluta; también se puede considerar que esta soledad habla, ese vacío que se impone y atrae, son una nada que es a la vez un todo. El moderno arte abstracto occidental utiliza también el vacío, pero, a menudo, sorprende comprobar cuán evidente resulta el esfuerzo de abstracción, el intento de conseguir este efecto, mientras que en el arte oriental resulta de una espontaneidad extraordinaria, de una riqueza sugestiva que muy a menudo falta en la artificial y complicada obra europea. La razón, creemos, está en el valor religioso que impone el sinto al objeto, en su sacralización estética que hace aparecer su luz interior tras un detalle insignificante o la aparente vulgaridad material. Esta luz es la razón de ser del choque estético.
Esta vulgaridad, esta familiaridad del objeto, el shibu, es visible en la apariencia inacaba de la obra de arte; la trivialidad externa atrae al artista japonés porque es la prueba de que el objeto está vivo, es rico en posibilidades, luminosos por la presencia de los kami. La escoba de la cocina, el cazo, el vaso de agua, el bastón de un viejo campesino han desempeñado un importante papel en el arte y sin ningún esfuerzo para situarse esos objetos en el cuadro: la escoba está allí, en un rincón del monasterio, como en la realidad y, sin embargo, interviene en el diálogo zen con Buda...Hay un sentido de lo inacabado que subraya la asimetría de los rasgos; la estética japonesa no ha esperado el cubismo ni el tachismo para comprender el valor de esta técnica.
Por Jean Riviere
Comentarios
Artículo magistral, que nos introduce en el camino del conocimiento sobre este oriente tan poco explicado en nuestro mundo de seguridades y creencias. Recomiendo a quien lea este post el libro editado por Siruela ·La aventura del Rey Mono", el equivalente asiático a nuestro Quijote y prácticamente desconocido en nuestro país. Es un tocho y difícil de leer...pero es una joya y se le va sacando el jugo poco a poco.
Comentario de
marius el el 09/17 a las 18:19
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